Damián quiere vivir

‘Línea 47 – 3 minutos’, señalaba el letrero luminoso de la parada. Damián esperaba dentro de la marquesina, apoyado contra el cartel publicitario que decoraba el lateral de la estructura. El aire silbaba y los cristales retumbaban con fuerza. En el banco descansaba un matrimonio de ancianos. Ella se abrochó el chaquetón hasta la barbilla. Él carraspeó con tanta fuerza que incluso Damián sintió un agudo dolor en su propia garganta. Aquella sinfonía anunciaba el fin del verano, y Damián no podía ser más feliz. Damián se acomodó bien la mochila sobre su hombro derecho, se despidió de sus compañeros de refugio y comenzó a caminar.

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