‘Idiocracia’, sátira para dummies

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No corren buenos tiempos para la sutileza. La sociedad, cada vez más embrutecida, premia la tosquedad y margina el ingenio. El humor solía ser puntiagudo como un alfiler y se ha transformado en un enorme martillo de goma. La comedia de masas se vanagloria de su propia torpeza y ahora cualquier muestra de agudeza se considera incluso elitista. Paradójicamente, mientras erradicamos el analfabetismo la humanidad muestra una preocupante falta de perspicacia. ¿Somos cada vez más estúpidos?

Toda esta reflexión se concentra en Idiocracia (2006). Un militar mediocre y una prostituta forman parte de un fallido experimento de criogenización del ejército estadounidense, despertando quinientos años después y descubriendo que gracias a una deficiente selección natural se han convertido en los seres más inteligentes del planeta. Joe y Rita tendrán que enfrentarse a los peligros que conlleva vivir en un mundo infecto habitado por un conjunto de idiotas integrales. El punto de partida es brillante. La película deforma más allá incluso de los límites la idiotización de una sociedad irresponsable y consumista.

¿Dista tanto de nuestra realidad actual?

El gobierno de Estados Unidos está en manos de tipos apenas capacitados para mantener activas sus funciones vitales y encabezado por un showman que arenga a sus ciudadanos con alegatos ridículamente populistas. Las avanzadas tecnologías de las que disponen fueron creadas siglos atrás por las últimas mentes privilegiadas con el objetivo de facilitar la realización de las tareas más absurdas. Los principales servicios públicos están gestionados por una poderosa compañía de bebidas energéticas que da trabajo a la mitad de la población.

La gente adquiere sus competencias profesionales en escuelas patrocinadas por clubs de alterne. Además, los ciudadanos están marcados con un código de barras que les permite ser localizados y rastreados en cualquier momento. La contaminación ha arruinado las cosechas y el mundo parece condenado a su autodestrucción. Mientras tanto la población permanece sentada en sus sillones, viendo la televisión, atiborrándose a perritos calientes y reproduciéndose compulsivamente.

Y yo me pregunto, ¿dista tanto esta distopía de nuestra realidad actual?

Sin embargo, Idiocracia exhibe su crítica social con manifiesto descaro. De hecho es tan evidente que Mike Judge (creador de la corrosiva serie de animación Beavis y Butthead) parece uno de esos genios que, como en la película, han dedicado su brillantez para evitarnos la molestia de estrujar nuestros sesos. En su afán de convocar a las masas desarrolla la premisa con una falta de pericia impropia de su capacidad.

No tiene ni puta gracia

Es un proyecto muy ambicioso desde un punto de vista conceptual pero rematado del modo más bochornoso posible. Es como comprar una mansión de Beverly Hills para decorarla con horteradas del “todo a 100”. Es tan vulgar y decepcionante que no destaca ni siquiera como peli para porretas. Lo peor no es que la temática permanezca al descubierto dejando tan poco espacio a la reflexión, sino que las situaciones presuntamente cómicas dan incluso un poco de vergüenza ajena.

Idiocracia juega con las reglas que se atreve a denunciar. Quizá precisamente porque su creador piense que no hace falta viajar al futuro para encontrarse en una sociedad profundamente idiotizada. El problema es que Mike Juzge subestimó a la masa y se pasó tres pueblos. La película fue un rotundo fracaso en taquilla. El gran público no acude a las multisalas a que se le insulte, sino para engullir palomitas, desconectar sus cerebros y pasar el rato. Idiocracia cae en su propia trampa a propósito intentando hacer accesible una crítica a priori bastante acerada.

Por otro lado, el simple hecho de plantear la cuestión me parece digno de mención, y por ello me animé a escribir esta review. Creo que es muy valiente intentar alcanzar a la mayor cantidad de atolondrados posible para zarandearles hasta que despierten. ¿O acaso alguien piensa que la solución está en regalar ejemplares de Luces de bohemia en todos los hogares? ¡Ojalá! Probablemente el libro terminaría bajo la pata de alguna mesa. Idiocracia dibuja unos personajes olvidables, una trama intrascendente, y vaya… que no tiene ni puta gracia…

Pero tiene mérito que ese trasfondo, por muy elemental que sea, deje cierto poso cuando terminas de verla. Sólo por ello merece la pena echarle un vistazo a esta especie de sátira para dummies.

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17 comentarios en “‘Idiocracia’, sátira para dummies

  1. No sé si la veré pero, al menos en literatura, la distopía es de mis géneros favoritos. Como dices, quizá mal planteado en la película, es un género que siempre lleva a la reflexión porque es su finalidad. ¿Me recomiendas alguna en literatura que no sea 1984, Un mundo feliz, La larga Marcha o El juego de los abalorios?

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  2. No he visto la película, pero me parece muy oportuna y más en el momento actual de Estados Unidos en que la idiotez es tan general y, desgraciadamente, tan exportable. Hay muchas cosas en nuestra sociedad que nos vuelven idiotas desde las redes sociales a los medios de comunicación. Pero lo más idiotas son los que nos gobiernan (o pretenden gobernarnos).

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  3. Gran review. Me ha tenido absorto de principio a fin.

    Lástima que el humor ya no es como era y las películas taquilleras sean cgi y argumentos mediocres. Mala época para el séptimo arte.

    En cuanto a la película ni sé si verla o no…

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  4. En realidad la teoría de la evolución dice que para mejorar tenemos que correr peligro de extinción o muerte.
    Pero con la tecnología las cosas se nos hacen cada vez más fáciles.
    Por lo tanto involucionamos, a pesar o por los propios adelantos.
    En resumen, nos vamos a terminar destruyendo.
    Un abrazo.

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    • Es un dato que determina si una película alcanza al gran público, y como a mi juicio ése era su target, en ese sentido me parece un fiasco. A mí no me ha gustado, pero si he dedicado parte de mi tiempo a escribir sobre ella es porque reconozco que cumple una estimable función, aunque fuese a menor escala de la esperada.

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