El arte de contar historias (I)

Introducción

¿Anhelas tener el éxito de J. K. Rowling? ¿Sueñas con forrarte vendiendo guiones en la meca del cine? ¿Quieres conocer las claves para ser el más autor más aclamado del mundo? Si vienes en busca de un método infalible para enriquecerte escribiendo relatos de ficción te invito a marcharte en este mismo momento.

Huelga decir que sería bastante presuntuoso por mi parte impartir lecciones sobre el arte de contar historias cuando mi trayectoria profesional no me avala en ninguno de los casos. Por otra parte, sería muy osado prometer la tan ansiada fórmula mágica incluso si os encontraseis ante un prestigioso analista o un reputado escritor. “Entonces, ¿por qué merece la pena seguir leyendo?  ¿Quién me dice que no he topado con otro charlatán?”.

En primer lugar, yo no gano dinero con esto. Mi única motivación para comenzar esta serie de publicaciones es ayudar a todos aquellos que se inician en el frustrante mundo de contar historias. Y es que conozco perfectamente la sensación de pánico que produce la dichosa ‘hoja en blanco’. Tanto es así que durante largos periodos de tiempo he desistido por completo de continuar dedicándome a esto.

Porque bien es cierto que resulta excitante tomar el poder que te otorgan las letras para crear universos enteros y dar a luz a personajes que guardamos en lo más profundo de nuestro imaginario. Sin embargo, cuando queremos contar tantas cosas que no sabemos por dónde empezar nos invade una sensación de terror que paraliza nuestro cerebro y bloquea cualquier posibilidad de progreso.

Es una situación que aterroriza a cualquier escritor, pero sobre todo a los que aún estamos dando nuestros primeros pasos. En mi caso, debo decir que ya me he enfrentado a esta situación otras veces. El proceso de desarrollar mi primer guión de largometraje me dejó mentalmente exhausto. Durante muchos meses estuve dando tumbos sin saber qué quería contar hasta que finalmente trabajé en una historia que me parecía muy original, trepidante, divertida…

En mi cabeza ya podía ver el estreno de la película. Había acudido mucha gente, y al terminar el público se ponía en pie y aplaudía a rabiar. Todo era maravilloso. Entonces comencé a escaletar (el guión no-dialogado) y aquel castillo de naipes se derrumbó. Había muchas lagunas argumentales, los personajes eran muy planos, aburridos, inverosímiles… Y lo peor es que no estaba claro a dónde quería llegar con todo aquello.

Tuve la suerte de contar con el apoyo de mi tutor, un guionista curtido en mil batallas que me orientó con sencillez y, sobre todo, con mucho sentido común. Más allá de sus conocimientos y de su trayectoria (aunque muy importantes) lo que realmente marcó la diferencia fue su perspectiva externa, algo que yo no tenía. Porque cuando nos involucramos tanto con nuestras propias historias nos ensimismamos de tal modo que somos incapaces de detectar los fallos.

En esta situación se me plantearon dos alternativas: modificar sobre la marcha todo lo avanzado o comenzar desde cero. Forzar hasta que las piezas encajasen a toda costa era la opción mas fácil, y también la más chapucera. En cambio, desecharlo era terriblemente doloroso, pero a la larga era la mejor solución que podía tomar. Y eso hice.

A esos valientes va dedicado esta sección. El arte de contar historias pretende minimizar las veces que tendréis que tirar vuestras historias a la basura. Pero también he tomado la decisión de redactar estas líneas porque todavía sigo teniendo los mismos problemas que tuve entonces, con la diferencia de que ya no tengo un tutor a mi lado que me abra los ojos.

El arte de contar historias es una una guía que escribo por mi propio bien, para dejar constancia de todas aquellas cosas que a priori pueden parecer muy obvias, pero que cuando me enfrento a la dichosa hoja en blanco soy incapaz de recordar. No pretendo ser vuestro maestro, sino vuestro compañero de viaje. Quiero recorrer este camino con todos vosotros, echaros una mano cuando tropecéis y no seáis capaces de levantaros por vuestro propio pie.

Porque la noche es oscura y alberga horrores“. Melisandre.

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24 comentarios en “El arte de contar historias (I)

  1. Pingback: Recursos para escribir y traducir – El blog de Fabio

  2. Yo también tuve un profesor de guión que me hizo darme cuenta de bastantes cosas en el arte de la narrativa, sus clases me ayudaron a crecer como escritor.
    Creo que el mejor consejo que se puede dar es: siéntate a escribir, la inspiración viene cuando te pones a trabajar. Así que trabaja mucho para estar muy inspirado.

    Debería ser obvio pero muchos, yo incluído, a veces lo olvidamos y esperamos que baje la inspiración del cielo. Musa, creatividad… llámala como quieras, la deidad de la escritura exige un único sacrificio para otorgar su favor y es el esfuerzo constante.

    P.D.: ¡Que mal me cae Melisandre, uno de los personajes que más odio de la saga de CdHyF!

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    • Es verdad que escribir con frecuencia te da oficio, agilidad mental y, sobre todo, resultados. Aunque reconozco que tengo una perspectiva muy romántica y sigo creyendo en esos momentos lúcidos. Yo creo que escribir a diario es importante, adquieres la destreza suficiente para que, cuando se aparezcan las musas, seamos capaces de exprimir esas ideas de la mejor manera posible. Al final es lo de siempre, el talento por sí sólo no basta, es necesario esforzarse y ser constante, como bien señalas.

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  3. Gracias, Adrián. Voy a intentar seguir tu guía.
    Creo que la única manera de mejorar lo que escribimos es… escribiendo más. No vale con montar maravillosas historias en nuestra cabeza: es cuando las llevamos al papel cuando podemos ver si realmente merecen la pena.
    Saludos

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  4. Es tremendamente cierta esa frase de Juego de Tronos. “La noche es oscura y alberga horrores”. Lo es y los alberga, lo he comprobado, y son muy persistentes. Hay que encerrar todos los horrores en una página en blanco de donde les cuesta más salir. Quizá es una buena manera de empezar a escribir, aunque sólo sea para hacer limpieza en la oscuridad.

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    • De eso hablaré en la siguiente entrada de esta sección, de volcar nuestros deseos, nuestros miedos y nuestros traumas en las historias a través de los personajes que vayamos a construir. Solo así podremos dar un punto de vista único y personal, y eso nos diferenciará del resto.

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