‘American Beauty’, crisis existencial

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“Me llamo Adrián Matías. Vivo en un barrio residencial. Tengo 26 años. En menos de un año no estaré muerto. Claro que… eso no lo sé aún. Aunque en cierto modo… ya estoy muerto. Cascármela en la ducha es el mejor momento del día; a partir de aquí todo va a peor. No estoy casado, ni emparejado, pero sé lo agotador que resulta compartir mi vida con alguien que no es feliz a mi lado. No tengo una hija adolescente, pero sí otros seres queridos a los que decepcionar. Mis allegados piensan que soy un gran perdedor, y creo que tienen razón. Siento que he perdido algo, y no sé lo que es. Sólo sé que no siempre me he sentido tan… apático. Pero, ¿sabéis una cosa? Nunca es demasiado tarde para recuperarse”.

La rutina y el fracaso

Ésta es una adaptación muy personal del monólogo con el que Lester Burnham nos introduce en American Beauty (1999). Un hombre atrapado en un matrimonio estancado, desencantado con un empleo al que ha dedicado toda su vida y que, para colmo, está a punto de perder; un tipo que ni siquiera es capaz de relacionarse con su hija. Lester es un hombre sin ilusión por vivir. Todo cambia con la aparición de Angela, una lolita con la que se obsesiona perdidamente, tanto que Lester le da un giro radical a su vida para estar más cerca de convertir en realidad sus fantasías con ella.

La película parte de unos personajes que vagan sin rumbo, hastiados de la rutina y acomplejados por sus fracasos. Me resulta tan sencillo conectar con todos ellos que American Beauty es, sin lugar a dudas, una de mis películas favoritas.

En Carolyn Burnham veo a una mujer escapando de la vorágine de mediocridad que se ha tragado a su esposo, o al menos intentándolo. Todas su pasión está enfocada hacia el trabajo (la venta de casas), aunque no tiene demasiada fortuna. Su profesión absorbe su vida hasta el punto de acabar embelesada por Buddy Kane, el rey del mambo en el feroz y despiadado negocio del mercado inmobiliario. Y cae rendida a sus pies porque es un triunfador, es encantador y desborda confianza por todos los poros de su piel.

Como se suele decir, si quieres tener notoriedad debes rodearte de personas notorias: “Hay que proyectar una imagen de éxito”. Toda esa superficialidad termina devorando a Carolyn hasta que Lester descubre su affaire. Entonces se revela que detrás de todo ese cartón-piedra se esconde un corazón frágil que tan sólo añora sentirse deseado, y que ahora arrastra una gran culpa. Y eso es algo que nunca podrá perdonarle a Lester.

Los adultos quedan en evidencia

Con Lester perdiendo el norte en plena crisis existencial y Carolyn luchando por evadirse del hogar tenemos a Jane Burnham, una chica acomplejada por su físico, llena de ira y resentimiento hacia ellos por no ejercer de padres. En la casa vecina se esconde Ricky Fitts, un joven que se concentra en captar toda la belleza que hay en el mundo para olvidar las palizas que le pega su padre y los trastornos mentales de su madre. Adolescentes que dejan en evidencia lo ridículos que pueden ser los problemas  “adultos”.

Y luego está el coronel Frank Fitts, que más allá de jugar un papel clave en la resolución de la trama principal es un personaje muy interesante. Un tipo que ha recibido una educación militar muy estricta y carga con un sinfín de valores rancios y polvorientos a sus espaldas. Además de maltratar a su hijo “para evitar que se salga del camino correcto” es un homófobo redomado. Uno no alcanza a comprender la extraña obsesión de este hombre con la homosexualidad hasta el final de la película. Todo el odio y la violencia características del personaje manifiestan que nos encontramos con un ser humano reprimido y perseguido por los traumas de su infancia.

“Mi trabajo consiste básicamente en ocultar mi desprecio por los cerdos de dirección, y al menos una vez al día meterme en el lavabo y cascármela, mientras sueño con vivir una vida que no se parezca tanto al infierno”, Lester Burnham.

¿Y qué pasa con Lester? Pues que motivado por la fantasía de seducir a una joven descarada y fogosa (que resultó no serlo tanto) decide mandarlo todo al carajo, ponerse en forma y darse los caprichos que tanto se negaba. La crisis de los cuarenta, dirán algunos. Bueno, entonces debo de estar sufriéndola de forma precoz. Como veis en el monólogo introductorio de esta review me siento tremendamente indentificado con Lester Burnham. Una vida amorosa en la ruina, un empleo poco gratificante y un propósito existencial muy borroso… pero nunca es tarde para remediarlo. American Beauty, una auténtica obra maestra.

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Un comentario en “‘American Beauty’, crisis existencial

  1. “Apreciación” es, para mí, la palabra que mejor define esta película. Además de contar con un final sublime, el mensaje que nos deja es esclarecedor: la belleza del mundo está ahí fuera, y sólo tenemos que esperar a que llegue nuestro momento de poder percibirla y, por consiguiente, valorarla. Supongo que la vida y la espera pueden llegar a ser complicadas; todos hemos sido Lester alguna vez, durante más o menos tiempo. En ocasiones, nuestra percepción del mundo se ve afectada por factores externos que nos hacen vernos sumidos en la desidia, pero es importante recordar que no siempre tiene por qué ser así. Al fin y al cabo, si Lester pudo, ¿por qué no nosotros? Yo veo un atisbo de esperanza: “[and] I can’t feel anything but gratitude for every little moment of my stupid little life. You have no idea what I’m talking about, I’m sure. Don’t worry, you will… someday.”

    Más allá de adentrarme en la crítica que se puede elaborar a nivel socio-cultural o, incluso, generacional (como bien comentabas en tu reflexión), me quedo con la oda a la esperanza. Tendemos a olvidarnos de que tenemos más poder sobre nosotros mismos del que creemos posible y, finalmente, acabamos perdiendo la esperanza. Hay que tener pasión, pero, sobre todo, hay que tener voluntad. La metáfora de la bolsa de plástico volando libre movida por el viento e intercalándose con las hojas es bastante ilustrativa, al menos tal cual la interpreta Ricky. Todos somos bolsas, pero algunos vivimos mucho tiempo atrapados debajo de las piedras, o enterrados en la arena. Lo importante es saber que la belleza existe y que podremos darle la bienvenida en un momento dado. Escribías: “Una vida amorosa en la ruina, un empleo poco gratificante y un propósito existencial muy borroso… pero nunca es tarde para remediarlo.” Como dices, nunca es tarde para remediarlo… en nuestras propias manos está.

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